La menopausia suele quedar atrapada entre el silencio, los prejuicios y un discurso médico que muchas veces presenta esta etapa de la vida como una enfermedad que hay que tratar. ¿Qué pasa con el cuerpo cuando deja de menstruar? ¿Qué sucede con el deseo, la sexualidad y la relación con el paso del tiempo? ¿Por qué el envejecimiento femenino sigue siendo percibido como una pérdida en una sociedad que convierte la juventud en un ideal permanente? En Umbral, la directora Raquel Ruiz se propone abrir esas preguntas a través de las historias de seis mujeres que comparten sus experiencias, sus inquietudes y sus distintas maneras de atravesar la menopausia. El documental podrá verse este sábado 17 a las 22 en el ciclo de Octubre/Ar por Argentina/12, un día antes de que se conmemore el Día Mundial de la Menopausia.
Lejos de las fórmulas universales y de la mirada exclusivamente biologicista, el documental cuestiona la medicalización de los cuerpos, los mandatos culturales y la mercantilización de esta etapa de la vida. Con una perspectiva sociocultural y feminista,Ruiz invita a escuchar otras voces y a pensar la menopausia no solo como una transformación biológica, sino también como una experiencia atravesada por la historia personal, el deseo y la mirada de los otros. Un umbral que, en lugar de clausurar una etapa, puede abrir nuevas formas de habitar el cuerpo y el tiempo.
Consultada acerca de qué tuvo en cuenta de su propia experiencia que la llevó a investigar una etapa de la vida de las mujeres sobre la que todavía se habla tan poco, la directora señala: “Yo ahora tengo 56 años, en ese momento tenia 46, 47 cuando empecé a investigar, porque empecé a notar cambios en mi cuerpo y en los de mis amigas. La charla de amigas se iba convirtiendo en ‘Che, a vos te pasa esto, vos tenés sofoco, vos tenés tal cosa, vos tenés tal otra’. Empieza a surgir como un run run de manifestaciones físicas que se hace cada vez mas presente, se impone. Entonces empecé a investigar”, señala Ruiz. “En Google solo me encontraba con información médica, y me llamó la atención eso. Una amiga mía, Sabrina Mora, me dijo que Leticia Fitte había hecho una investigación sobre el tema, pero ella analizaba la medicalización de la menopausia; hizo trabajo de campo, y fue la única persona que hizo trabajo oficialmente en Argentina sobre este tema. La fuimos a ver y la entrevistamos porque no había películas sobre esto, ni nada en el cine, porque el tema está muy estigmatizado”, agrega la directora.
-El titulo Umbral sugiere el pasaje de un estado a otro, pero también la posibilidad de cruzar una puerta hacia algo desconocido. ¿Qué representa ese umbral y qué imaginario sobre la menopausia te interesaba poner en cuestión?
-Ese umbral representa, además de una situación de pasaje que no necesariamente es traumático, el misterio, en mi caso. Y me interesaba salir de lo que encontraba que era todo información médica. Con Leticia Fitte y Sabrina Mora -las dos son antropólogas como yo- lo que hicimos fue abrir todo el proceso de investigación previo al rodaje de la película a miradas diferentes y diversas, que no necesariamente tengan que ver con el plano puramente médico-ginecológico, que también está abarcado en la película porque no somos antimédicos, pero no necesariamente se reduce a eso. Leímos textos de la antropóloga Françoise Heritier, que nos encantaba porque habla de la sangre de los guerreros y la sangre de las mujeres. Dice que el guerrero derrama la sangre de manera activa, voluntaria, controlada en el campo de batalla; en cambio, la sangre de la mujer se derrama en la menstruación de parto, de forma pasiva, involuntaria, cíclica, repetitiva. Esta pérdida biológica es interpretada simbólicamente por el patriarcado como un signo de impureza, debilidad, falta de control, confinándola al ámbito de la naturaleza y la reproducción social. Entendimos que esta película no podía ser concebida de otra forma que no sea en un marco socio-histórico, que remita necesariamente a la construcción cultural, teniendo en cuenta el patriarcado. Sí o sí tenía que tener una mirada de género.

-Contás que cuando buscaste información encontraste un discurso que presentaba la menopausia como una enfermedad, y describía lo que le sucede a las mujeres en términos de síntomas. ¿Qué te incomodaba de esa mirada? ¿Qué aspectos de la experiencia quedaban afuera de ese relato?
-Primero, cuando investigué, “menopausia” es una palabra que inventó el médico francés Charles Pierre Louis de Gardenne en 1821. “Men” quiere decir “mes”; “pausia” quiere decir “cese”. Entonces, el término de la menopausia lo inventó un varón en 1821, médico, que fue quien después lideró toda la investigación para producir la terapia de reemplazo hormonal que se les iba a dar a las mujeres para equilibrar sus desfasajes hormonales. Y a mí esto me hacía ruido y dije “Acá tiene que haber algo más, tiene que haber gente que piense de manera diferente”. Por ejemplo, en la adolescencia la apertura de la mujer al mundo de la sangre, de la menstruación, ¿está medicalizada? No. Entonces, ¿por qué vamos a medicalizar la menopausia? ¿Es incómodo? Sí, es incómodo, la verdad que sí. Tenés calor, transpirás… Y está mal visto que las mujeres transpiren. Un jugador de fútbol sale a la cancha a dar una nota todo transpirado y no pasa nada. Una mujer sale a dar una nota en la tele transpirada y está todo mal. Hay un sesgo cultural que se abre. De hecho, nosotros estuvimos dos años investigando en el período 2020-2021 para presentar la carpeta al Incaa, y en la investigación me pasó que yo dije “Esto es pan comido, voy a tener un montón de amigas que quieran estar en la película”. Y no quiso estar nadie porque me decían “¿Vos creés que yo voy a aparecer como una vieja en una película, dar la cara?”.
-¿Por qué la menopausia sigue siendo una experiencia tan invisibilizada, rodeada de silencios, prejuicios y vergüenzas? ¿Qué revela ese silencio?
-Lo que revela es que la mujer sale del campo de deseo, culturalmente, en el imaginario. Estoy hablando de generalidades, por supuesto, cada mujer es una menopausia, no es generalizable. Por eso nosotros en la película tomamos historias puntuales. Y por eso yo filmé en el interior del país, porque una menopausia en el campo no es lo mismo que una menopausia en la ciudad, pero lo que queda claro acá es que cuando dejás de menstruar, ocurre una sensación (eso lo explica muy bien Leticia Fitte) de que estás fuera del campo de deseo, que se acabó la sexualidad. Hay algo que se acabó y que te deja mal parada como mujer. Eso se está reviendo, se está analizando. Ahora hay un día: el 18 de octubre es el Día de la Menopausia. Estamos buscando nuevas miradas. Yo creo que esta película es un intento de editorializar el tema de un lugar que no sea exclusivamente médico, que tenga más que ver con lo filosófico, con lo antropológico, con lo experiencial.

-Y la película reúne seis historias de mujeres reales, sin actrices ni situaciones ficcionalizadas. ¿Qué dificultades encontraste para que las protagonistas aceptaran hablar frente a una cámara de una experiencia tan íntima?
-Hice casting y básicamente tuve que hacer un anuncio pidiendo mujeres que desearan contar su experiencia de la menopausia. Yo elegí aquellaa con experiencias diferentes, de distintos lugares. Hay unas urbanas, otras del interior… Y encontré historias muy vitales. No me quedó otra que enmarcar la menopausia no como una cosa que se separa de la vida, sino como una consecuencia de la vida que tuviste. Va a tener que ver con cómo fue tu adolescencia, tu historia con las mujeres, con los hombres, tus pares, con tu sexualidad, con tu trato con tu cuerpo. Yo veía mujeres muy cómodas en estas que aparecieron, con su llevar el paso del tiempo, y que justo coincidió que estas mujeres que quedaron no querían reemplazo de terapia hormonal, que lo respeto. No estoy en contra de la terapia de reemplazo hormonal ni de que las mujeres detengan el paso del tiempo. Me parece que son elecciones, pero no son las únicas. Esta era la idea de Umbral. “La editorialización tiene que ver con que, al final, lapelícula es un canto a la vida”, decíamos, porque estas mujeres están contentas. Les pasa de todo, viven la vida así en sus profesiones, siguen adelante y no están tan pendientes de “Me toca dar la inyección para que el tiempo…”. Se pueden desafiar ciertos mandatos, prejuicios. Lo que pasa es que el tema no está. Entrás en la menopausia y entrás a circular por consultorios.
-Durante mucho tiempo la valoración social de las mujeres estuvo ligada a la juventud, la belleza y la capacidad reproductiva. ¿Hasta qué punto la menopausia pone en crisis esos mandatos? ¿Qué ocurre cuando el cuerpo deja de responder a los ideales que la sociedad le impone?
-Partiendo de la base de que el capitalismo exige productividad, la menopausia está presentada como un déficit. Entonces, si estás deficitaria y te tienen que compensar hormonalmente, ya no sos productiva, ya no podés tener hijos. Hay una cuestión que se arma en el imaginario que atenta en la subjetividad de la mujer de un modo impresionante. Todo lo que yo vi en podcasts y cosas que se hacen de la menopausia fue: “¿Cómo hacemos con los calores? ¿Cómo hacemos con los remedios?”. No, nosotros decimos “No tenemos que hacer nada” porque tenemos que vivir la vida. Es como cuando fuiste adolescente: te salieron granos, pelos. Acá hay un déficit hormonal y fijate, si tenés calor, abrí la ventana. No sé, que se normalice esto. En la película una médica dice que se haga política pública porque la menopausia sí requiere de cuidados. O sea, hay cambios que ocurren objetivamente. Los vestuarios de los jugadores de fútbol están ambientados para lo que hacen. Bueno, ambienten los lugares para mujeres que atraviesan la menopausia porque es incómodo. Hacerlo política pública sería un gran comienzo, que haya médicos “menopausiólogos” y no pensar que estás enferma.

-¿Cómo se puede construir una mirada crítica sin desestimar el sufrimiento ni las herramientas médicas que pueden mejorar la calidad de vida?
-Esa es la discusión que se está dando. El documental no responde todas las preguntas porque es el primero que se hace en la Argentina. Y después lo que tenemos como materiales de consumo de la menopausia son gente que te quiere vender cosas, lubricantes, te quieren vender la juventud eterna.
-La industria farmacológica y cosmética ofrece productos para combatir los efectos del envejecimiento. ¿Cómo se construye la idea de que el cuerpo femenino necesita ser reparado? Es decir, ¿qué papel desempeña el mercado y la publicidad?
-Lasmujeres somos carne de cañón. Estamos vulneradas porque está estigmatizada esta etapa de la vida y sentimos que tenemos que compensar. Consumimos todos los productos que nos dicen que nos van a poner de nuevo en el lugar en el que estábamos antes de ser excluidas del sistema de ser objeto de deseo. Estirate la cara y ponete tratamiento de reemplazo hormonal para que no tengas sequedad vaginal, etcétera. Obviamente es incómodo lo que ocurre, pero hay que pensar alternativas y hay que pensar si todas las alternativas le van a todas las mujeres. Umbral es un gran interrogante.
-¿Qué herramientas pueden aportar los feminismos? ¿Existen relatos capaces de disputar los discursos?
-Sí. Yo soy feminista. Es el espacio donde se están dando estas discusiones en este momento, que antes no existían. Lo dice una protagonista: los relatos eran lo que nos contaban nuestras abuelas o los que callaban nuestras madres. Esto se está poniendo sobre la mesa a raíz de que justamente el feminismo actualizó un montón de debates. ¿Quién inventó esta palabra? ¡Un hombre! Hasta hace poco, los infartos de las mujeres estaban mal tratados porque los experimentos biológicos eran sobre hombres. A las mujeres no nos duele el pecho cuando infartamos, nos duele la barriga. También tiene que ver con que ahora hay más mujeres científicas, más médicas, otras sensibilidades. Me parece que el debate no es “medicalización sí o no”, sino ver el papel de la mujer en lo que ocurre con su propio cuerpo, como también tuvo un papel decisivo el movimiento feminista sobre el aborto y la ley que lo aprueba. Por eso digo que la menopausia no es algo que está aparte. E insisto en lo de política pública porque es un multienfoque sobre una temática muy compleja.
-La menopausia no se vive de la misma manera según la historia personal, la situación económica, las condiciones laborales o las posibilidades de acceder a la salud ¿Cómo inciden esas desigualdades en la experiencia de esta etapa?
-Nos quedó afuera abordar qué ocurría en las clases populares porque yo tenía una hora de espacio. Me pasó con mi documental anterior, que es sobre gitanos, que les pregunté a las gitanas cómo viven la menopausia y me dijeron “No tengo tiempo de pensar, yo tengo que laburar, esto pasa y ya está”. La viven de otra forma. La película no aborda todas las clases sociales porque no se puede. Hagan otras películas, la mía abordó lo que pudo, trabajé con las mujeres que vinieron al casting. Y sí, desde el sentido común porque no investigué qué pasa en las clases populares, pero cambia por completo: si se van a atender o no, si van a llegar con un infarto porque no pudieron compensarse o no pudieron tomar magnesio. La película es limitada y es la primera. Esto entró a la cancha y ahora hay que seguirla.

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